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Los municipios de Taminango y San Lorenzo están ubicados al extremo norte del departamento de Nariño, y comparten cifras de población similares, con alrededor de los 19.000 habitantes. Así mismo, las condiciones climáticas se asemejan, tienen una producción similar en productos como los cítricos, el aguacate Hass y el café, siendo este último una de las líneas de generación de ingresos más importante para los dos municipios.

A pesar de estar rodeado por fuentes hídricas importantes como las cuencas del río Mayo, el río Juanambú y en la parte baja el Patía, carecen de buenas fuentes abastecedoras en sus cabeceras municipales y zonas rurales. Estas últimas fuentes de agua locales se han visto afectadas por históricas intervenciones, como la ampliación de la frontera agrícola, el mal uso de los suelos por el ganado y la deforestación. 

Las fuentes de agua que existen han sido utilizadas de forma tradicional para el uso doméstico y agrícola, pero generan una contaminación paulatina a través del vertimiento de sus residuos a las cañadas y quebradas de forma directa, lo que afecta a las comunidades aguas abajo, que hacen esta misma acción para suministrarse del vital líquido.

A pesar de los esfuerzos de las entidades municipales para tratar de solucionar este problema, se ha identificado que uno de los factores que podría aportar al mejoramiento de la calidad del agua y la disminución de los impactos por el mal uso del recurso, son la apropiación individual por cada núcleo familiar de herramientas que le permitan dar buen uso y manejo a sus aguas, la repoblación y la protección de sus zonas de recarga hídrica y por último, la concientización de la producción limpia en sus cultivos.

El acceso a agua de calidad podría disminuir las altas tasas de morbilidad que ambos municipios presentan, de acuerdo a cifras de los entes de salud regionales y municipales. Datos que generan preocupación, como la cifra  de que 64.6 personas de 1.000  presentan enfermedades parasitarias y 78.8 presentan enfermedades diarréicas agudas.

También, en los municipios de Taminango y San Lorenzo, se presentan 1.093 casos de morbilidad de parasitosis intestinal entre personas en edades de 5 a 14 años, y 606 casos de infección intestinal aguda. Esta E.D.A. se presenta en personas de 1 a 4 años y de 15 a 44 años, especialmente en mujeres.

En Taminango, la calidad de agua para el consumo humano es de 20.4989 puntos que la clasifica en favorable sólo para la zona urbana. En cuanto a los acueductos veredales su nivel de riesgo fluctúa entre alto, medio e inviable sanitariamente como es el caso del acueducto de la vereda Turbambilla. Esta misma situación se presenta en el municipio de San Lorenzo. 

Según Corponariño, el mayor peligro asociado con el consumo de agua potable es la posibilidad de su contaminación por drenajes que contienen desechos sólidos y líquidos, excrementos humanos y/o animales. Todas las microcuencas demuestran un grado de contaminación que justifica algún tipo de tratamiento preliminar de bajo costo económico, en donde el consumo directo de agua de las quebradas ocasiona trastornos gastrointestinales en la salud de las personas.

A pesar de este riesgo, la mortalidad que se genera por enfermedades infecciosas parasitarias está en un tercer lugar con 1,19 por 100.000 habitantes presentando una tendencia creciente. De acuerdo a la Secretaría de Salud del departamento,  la mortalidad por EDA presenta un comportamiento hacia la disminución, ubicando el departamento en valores por debajo del nivel nacional.

No quiere decir esto, que el factor ya esté contenido, esto obedece a que, la existencia de centros de salud aunado a  las campañas preventivas han dado como resultado una disminución. 

Por lo anterior se ha determinado que la desinfección del agua es un factor esencial, pero no suficiente, para el control de las enfermedades relacionadas.  Es de suma importancia el tratamiento para consumo humano con el fin de prevenir las infecciones que se generan. Además, para que los habitantes que viven aguas abajo puedan abastecerse de un líquido con mejores condiciones. 

Con esta realidad, Mercy Corps y la Fundación Starbucks, analizan la posibilidad de aportar al mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades rurales de San Lorenzo y Taminango, sumándose a los esfuerzos del aliado CARCAFE. Tomando acciones sobre los procesos de beneficio y manejo de residuos de la producción y beneficio del café que se están desarrollando en el territorio. 

Mercy Corps y la Fundación Starbucks, con el proyecto Agua Segura, están atendiendo en la actualidad a 418 familias de las cuales el 63% (262) pertenecen al municipio de San Lorenzo y el 37% (156) al municipio de Taminango, buscando mejorar las condiciones de vida de estos núcleos familiares

Este esfuerzo se realiza por medio de la atención directa a las mujeres caficultoras y sus núcleos familiares, a través de adecuaciones que garanticen el acceso al agua potable y dar un mejor tratamiento a las aguas residuales domésticas que se emiten producto de las acciones cotidianas del hogar rural.

Para tal fin, se ha trabajado con tres objetivos específicos, el primero: mejorar el acceso a agua de calidad para consumo y uso doméstico a través de la entrega de filtros potabilizadores de agua, estás entregas están acompañadas de capacitaciones y un debido seguimiento para conocer los resultados de está herramienta que mejora las condiciones de vida a nivel familiar. 

 

El segundo: mejorar la disposición y tratamiento de aguas residuales domésticas y residuos sólidos, reduciendo el impacto ambiental en las fuentes de agua de la región. 

El proyecto, ha realizado la entrega de Sistemas de Tratamiento de Aguas Residuales  (SITARD). Este sistema fue instalado y puesto en marcha en cada predio de las mujeres participantes, quiénes han contado con el acompañamiento técnico permanente. 

Y finalmente el tercero: asociarse con las mujeres caficultoras y sus familias, para aumentar la conciencia y movilizar acciones hacia una mayor igualdad de género al interior del hogar y nivel comunitario. A través de una serie de capacitaciones y acciones que fortalecen el liderazgo de la mujer cafetera y rural. Así como iniciar un ejercicio de sensibilización de nuevas masculinidades, para sus compañeros e hijos.

A pesar del alto impacto que ha tenido nuestra intervención en el territorio, no es suficiente. Pero hemos identificado un factor de referencia, para entidades regionales y municipales, que han estado inquietas en consultar cómo pueden ellos replicar estos ejercicios desde sus procesos locales. 

El programa Agua Segura apoya a 418 mujeres cafeteras del norte del departamento de Nariño, que a través de su compromiso y esfuerzo, aportan a que su familia, tenga un mejor futuro y sea la referencia para mejorar las condiciones ambientales de la región. 


 


 

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