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HISTORIAS DE VIDA

Aprovechar la tierra, el legado de Margarita

Aprovechar la tierra, el legado de Margarita

ProTierra Catatumbo
22/05/2026 ·  Norte de Santander

“Mija , a la tierra hay que sacarle provecho”,es la frase que desde hace más de medio siglo resuena en la cabeza de Margarita Galvis, y que se repite a diario mient r as poda sus cacaotales, corta un manojo de plátano o arranca un par de yucas de su finca, ese es el mayor legado que le dejó su padre: el amor por cultivar la tierra. 

Con orgullo, Margarita confiesa que uno de sus mayores placeres es poder alimentarse de lo que la tierra le produce y que ella misma cosecha, por eso en su despensa no puede faltar tubérculos y verduras frescas, incluso hace un par de días atrás, en su última cosecha de maíz, preparó todas las recetas que conocía a base de este grano. 

“Éramos 9 hermanos y desde niña mi papá nos inculcó el valor de cultivar la tierra, eso lo llevamos en la sangre y yo se lo trasmito a mis hijos, en mi casa nos alimentamos de lo que produce nuestra tierra”, explica mientras se abre paso entre mazorcas de cacao en zona rural de Tibú. 

Desde hace más de 30 años en su tierra el cacao es el protagonista, ella y sus hijos podan los cacaotales, los abonan, limpian y recogen sus frutos. 

“Yo empecé sembrando yuca en mi finca, luego el precio de la yuca bajó y el río se me llevó unas matas entonces me incliné por el cacao, porque fue uno de los cultivos que mi papá nos enseñó a mantener”, recuerda con alegría. 

Con el conocimiento que aprendió de trabajar la tierra con sus manos, sembró 1,5 hectáreas de cacao en su finca, y gracias a la asistencia técnica que recibe desde hace un par de años por parte la Cooperativa de Caficultores del Catatumbo, Cooperacafé, en el marco del programa ProTierra Catatumbo implementado por Mercy Corps aprendió buenas prácticas productivas, que le permiten aumentar su producción y aprovechar mejor sus tierras. 

“Con la asistencia técnica aprendí la importancia de la poda, porque debo hacerla con tijeras y no con machete para no perjudicar a la mata, y aprendí a hacer abono orgánico para alimentar a las plantas”,explica con orgullo. “A mí me gusta aprovechar la tierra. Si yo limpio un pedazo de tierra le siembro de una vez algo porque sé que de ahí voy a tener el día de mañana mi comida, y no pierdo la limpiada del terreno. Siembro lo que tenga a la mano”. 

En medio de risas, confiesa que cuando sus hijos llegan de visita es más fácil que la encuentren en sus cultivos que en su casa, pues la mayor parte del día se la pasa trabajando en ellos. 

“Mi padre decía hay que invertir en la santa tierra porque es la que después le va a dar a uno, y es verdad, yo no necesito salir al pueblo a comprar el mercado porque varias cosas las consigo acá en mi finca. Yo sigo todos los consejos que me dio yo los aplico”,agrega. 

Y fue precisamente esa pasión por la tierra la que la impulsó a ser parte del programa ProTierra Catatumbo. De eso ya han pasado casi tres años, y hoy hace parte de las 907 familias cacaocultoras que reciben asistencia técnica en su finca mediante este programa financiado por le Fundación Howarg G. Buffett. 

“Me acuerdo de que la primera ayuda que me llegó de Mercy Corps fueron 4 cerdos y la purina para levantarlos por medio del proyecto de seguridad alimentaria, eso nos sirvió para el autoconsumo y para vender lo que no nos comíamos”,explica animada. 

Posteriormente, priorizó al cacao como la línea productiva, a fortalecer a través del programa, y recibió insumos, herramientas y equipos para sus cultivos, entre ellas una marquesina para secar el cacao. 

“La marquesina fue lo mejor que me pudieron dar. Antes secaba el cacao en una camareta y si llovía no toca salir corriendo a recogerlo. Con la marquesina ya no tengo esas preocupaciones, pues me protege el cacaito”, asegura agradecida. 

Margarita destaca que en su casa solo se consume chocolate de calidad, pues es el que ella misma cultiva y cosecha con dedicación, y al que le dedica la mayor parte de su día. Es así, como en cada cosecha aparta un par de kilos del grano para tostarlos, molerlos y fabricar su propia pasta de cacao, la misma que envuelve en hojas de naranja para consérvalas en su nevera. 

“El cacao para mí ha significado muchas cosas buenas, me ha permitido trabajar, conseguir el sustento de mi familia, y seguir con el legado de mi padre de aprovechar la bendita tierra”,finaliza mientras de adentra de nuevo en el cacaotal, pues aún está a la mitad de su jornada. 

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