“Buenas tardes Andreína, te llamo para informarte que quedaste como Asistente Comunitaria en Salud para la organización Mercy Corps”. Y fue ese 9 de noviembre del 2020, donde inició un año lleno de alegría después de todo lo que había vivido.
Podría decirle a mi familia que ya tenía un trabajo estable en Colombia, haciendo lo que me gusta, y además iba a poder enviarles dinero a Venezuela para que se alimentaran bien, era una satisfacción que me llenaba el alma.
Soy Andreína Jordán, venezolana de 30 años y periodista. Ustedes se preguntarán por qué me postulé al cargo de salud, que en realidad no tiene nada que ver con mi profesión, pero ya se darán cuenta que el destino nos lleva a realizar la tarea por la cuál vinimos a este mundo.
Dos meses antes de vincularme de forma estable en la organización, (y digo estable porque ya tenía un año trabajando como encuestadora para VenEsperanza), falleció mi hijo Guillermo de 15 años de edad por un astrocitoma (tumor en el cerebro) en el Hospital General de Medellín. Para mí, mi esposo y mi otra hija de 13 años, quienes son los únicos que tengo conmigo en este país, fue lo más duro que nos tocó vivir además de migrar en el 2017.
El 2020 fue un año muy duro, porque antes de que mi hijo falleciera, vivimos la pandemia entre el hospital y haciendo el papeleo para que le pudieran cubrir sus necesidades médicas. Las rutas de acceso para la autorización de un servicio de salud eran complicadas, ya que él no estaba regular en Colombia. No tenía pasaporte, por lo tanto no podía acceder al Permiso Especial de Permanencia (PEP) y por ende era imposible afiliarlo al Sistema de Salud Colombiano.
Busqué información entre tanta gente, hice tutelas, fui a Migración Colombia, hasta que logré conseguir un salvoconducto para que Guillermo, al menos pudiera vivir dignamente los meses que le quedaban de vida. Sí, así como lo leen. El oncólogo ya nos había dicho que solo le quedaban 6 meses de vida, ¿qué debíamos hacer? ¿llorar? o teníamos que seguir de pie, para que se fuera feliz de este mundo. Eso fue lo que decidimos hacer, mantenernos firmes, aunque cada vez era más fuerte el dolor en nuestra alma.
Fue tanto lo que aprendí de esta situación y de su diagnóstico, que al final de ese monstruoso septiembre, cuando el niño se fue de nuestras vidas, que yo no sabía qué hacer con tanta información. En todo ese tiempo seguía haciendo encuestas con Mercy Corps, hasta que salió la convocatoria para Asistente de Salud y lo demás te lo conté al principio de esta historia.
Han pasado casi dos años desde el momento en que ingresé como Asistente en Salud y ahora soy Técnica. Mercy Corps me dio la oportunidad de transformar mi situación y multiplicar los conocimientos que obtuve con esta historia de vida.
En este momento apoyo con el acceso a los servicios de salud a la población migrante venezolana en Medellín, y les comparto información sobre las rutas de atención, los direcciono para que se puedan afiliar al Sistema de Salud Colombiano.
Lo irónico de esto es que aquella experiencia que tanto me dolió, me ayudó a encontrar mi camino. Mercy Corps me cambió la vida, Mercy Corps fue la respuesta de Dios a mis oraciones en ese momento.